El Yin – Yang y La Cara

El Yin – Yang y La Cara

La cara es la parte más reveladora del cuerpo humano cuando se trata de leer los sentimientos de otra persona o percibir su carácter. Incluso aquellos que no saben nada de diagnosis oriental analizan las caras de los demás cuando tratan de discernir lo que opinan sobre ciertos temas importantes. La cara es la parte más sensible del cuerpo y la que más reacciona. Ninguna otra parte externa del cuerpo revela con tanta claridad los cambios sutiles interiores.

¿A qué se debe esto? Un motivo es que la cara es una compleja red de músculos. Sólo en la cara y cabeza hay diez sistemas de músculos con un total de casi cuarenta músculos individuales. Estos músculos dan a la cara una gran flexibilidad y expresividad.

Además de sus sistemas de músculos, la cara tiene una increíble combinación de rasgos (ojos, nariz, boca, cejas y mandíbulas), cada uno capaz de un amplio abanico de movimientos y matices. Como sabe todo jugador que se precie de tal, estos rasgos por sí solos proporcionan una enorme cantidad de información sobre lo que siente la persona. Con una simple mirada, la cara puede decir una infinidad de cosas, sin pronunciar una sola palabra.

La cabeza (incluida la cara y las orejas) es el centro sensorial del cuerpo.  Los ojos, la nariz, la boca y las orejas son cuatro de los cinco sentidos táctiles.  Estos órganos son también la puerta de acceso a otros sistemas mayores. La boca es la entrada del tubo digestivo; la nariz, de la respiración; los ojos, del nervio óptico, cerebro y sistema nervioso; las orejas, del oído. Evidentemente, existe una clara relación entre cada entrada y el sistema mismo: cuando el sistema respiratorio y los senos nasales están llenos de mucosidad, la nariz tiende a moquear.

Cuando hay algún problema de digestión, solemos tener mal sabor de boca. El nerviosismo y la tensión suelen revelarse en los ojos. Estos son sólo unos pocos de los signos evidentes que las personas utilizan para detectar el estado interior de otra persona.

Pero aparte de estos trozos de información normal, está la verdad más grande de la cara, la de que, a no ser que uno sea un mentiroso patológico, es difícil impedir que la cara revele los sentimientos. La felicidad se nota; también la infelicidad. Asimismo se notan el aburrimiento, la vergüenza, la concentración, la inquietud, la perplejidad, la enfermedad y la salud. La cara es sincera. Revela la verdad de nuestro interior. Y ocurre así incluso en las ocasiones en que nos gustaría que fuera de otra manera. A eso se debe que las personas estudien naturalmente la cara de otra persona para detectar su carácter, pensamientos y naturaleza interior.

En Oriente hay un dicho de la sabiduría popular que dice que a los cuarenta años uno ya es responsable de su cara. Esto significa que mientras uno es niño, adolescente e incluso adulto joven, la cara es todavía el resultado de la herencia familiar y el entorno, pero a los cuarenta años ya ha vivido su propia vida lo suficiente como para haberse creado a sí mismo; se es un adulto, totalmente responsable de su situación y de su cara.

A medida que nos hacemos mayores va surgiendo poco a poco nuestro carácter; nuestros verdaderos principios quedan grabados en nuestra cara. Estos principios no son necesariamente los que reconocemos tener.

Poco a poco, las situaciones sociales, políticas y económicas de nuestra vida se van esculpiendo en nuestro rostro. En las caras de las personas podemos percibir todo tipo de características: inteligencia y torpeza, carisma y odio a sí mismo, honradez y deshonestidad.

Percibimos estas cosas aún cuando no sabemos nada de la persona a la que estamos mirando.

A los cuarenta años el carácter ya se nota en la cara. Pero esto no quiere decir que la cara ya esté terminada; aún queda mucha vida por delante, para uno y su cara. Pero ya es plenamente responsable de lo que es y de lo que será.

Continuara…

Fuente: Cómo Leer el Rostro de Wataru Ohashi.

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