2. El Yin – Yang y La Cara

2. El Yin – Yang y La Cara

Las características únicas de cada cara son asombrosas. No hay manera de expresar esa realidad de manera adecuada. La creatividad del Universo es pasmosa. Cuando voy por la calle en Tokio, me sorprende la unicidad y complejidad de las caras japonesas. Y, sin embargo, esas características faciales tienen muchas similitudes. Al fin y al cabo prácticamente todos los japoneses tenemos pelo negro (con la excepción de los que ya lo tienen canoso), piel amarilla y ojos oscuros.

Los hombres somos de altura, peso y constitución similar. Entre las mujeres también existen muchas similitudes. Y, sin embargo, no hay dos caras iguales. Cada una tiene su carácter único.

Cuando uno va por una calle en Nueva York, se ve frente a un arco iris de colores de piel, nacionalidades, estaturas, pesos y formas. La mente alucina. ¡Qué infinita maravilla! Esa pasmosa variedad ha sido creada con los mismos elementos básicos: dos ojos, una nariz, una boca, y una bola irregular como cabeza.

Usted tal vez se pregunte: Dada esta enorme diversidad, ¿cómo es posible decir algo sobre el rostro humano excepto que cada uno es único?

He aquí otra notable paradoja: en la diversidad encontramos notable coherencia. El cuerpo humano está formado por una ley universal. Sabemos que el ADN asegura la integridad de la forma humana básica.

Pero, ¿qué es lo que asegura la integridad de la forma básica del ADN?  La respuesta es: la ley invisible que da forma al Universo. Esa ley en sí misma es un producto del Gran Espíritu, que es infinitamente creativo y al mismo tiempo extraordinariamente coherente. Constituye el fundamento real de la vida. La vida biológica no es otra cosa que un síntoma de la ley que subyace en el Universo. Si estudiamos los síntomas, o las manifestaciones externas de la vida, lo que nos revela es la naturaleza no vista de las cosas bajo la superficie.

En Oriente, a esta ley subyacente o espíritu suele llamarse Tao. En Occidente, por supuesto, se le da el nombre de Dios. Ni Tao ni Dios se pueden describir; superan la comprensión humana. Lo que podemos describir es la ley por la cual se rige. En Oriente llamamos a esta ley yin Y yang.  Como he dicho anteriormente, el yin y el yang son opuestos diametrales. Son fuerzas complementarias pero contrarias que se combinan para formar todos los fenómenos.

Lo primero que se debe comprender es que la mayoría de nosotros somos combinaciones de yin y yang. En el lado yin del espectro tenemos grados de pasividad, receptividad y desarrollo intelectual, mientras al mismo tiempo tenemos características yang, como la agresividad, la auto-motivación y el enfoque. Sin embargo, por lo general nuestras constituciones están desequilibradas a favor de uno u otro.

Al desarrollar la comprensión y conocimiento propios hemos de llegar a saber cuáles de nuestras características son yin y cuáles son yang y actuar en consecuencia. Lo ideal es esforzarse para conseguir el equilibrio entre los dos y crear la mayor armonía y paz interior.

Podemos aprender muchísimo sobre el equilibrio yin-yang observando la forma y características de la cabeza, y, sobre todo, estudiando los rasgos individuales de la cara.

Es importante tener presente la distinción entre rasgos constitucionales, es decir las características formadas por nuestros genes, y los rasgos condicionales, es decir las características que cambian día a día, semana a semana o mes a mes. Las características constitucionales nos son dadas en el nacimiento y tienden a ser heredadas: grupo sanguíneo, sexo, salud innata. Los rasgos genéticos o constitucionales revelan nuestra naturaleza subyacente. No hay naturalezas malas ni rasgos constitucionales malos.

En la diagnosis oriental, todo es potencialmente bueno y, como ya he dicho, todo depende de cómo consideramos la característica y usamos la capacidad que indica. Los rasgos genéticos no se pueden cambiar, sólo se pueden llevar a la realización plena o reprimir. Las características constitucionales dicen mucho acerca del ser fundamentalmente espiritual que somos.

Sin embargo, tenemos muchos rasgos condicionales o temporales que nos revelan una gran cantidad de cosas acerca de nuestra actual salud física, mental y espiritual. Estas características están cambiando continuamente.

Así, una profusión temporal de sangre en los capilares sanguíneos de los ojos; una mancha de sarpullidos o granitos en la cara; la inflamación de una determinada parte del cuerpo, debajo de los ojos, por ejemplo, revelan el estado actual de nuestra salud. Podemos cambiar estas características cambiando ciertas pautas o normas en nuestro estilo de vida, por ejemplo respecto al ejercicio, formas de comer y formas de pensar.

Nuestra salud suele ser más fuerte y vital cuando nuestra vida se adecúa a nuestras características constitucionales. Si su naturaleza es para ser músico pero trabaja de ingeniero de construcción, va a sufrir trastornos de salud, sobre todo si la situación le produce contradicciones graves. Entenderá más claramente lo que quiero decir cuando pasemos al tema siguiente: los rasgos constitucionales que revelan el tamaño y la forma de la cabeza.

Fuente: Cómo Leer el Rostro de Wataru Ohashi.

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